2.- La paciente
Todo comenzó aquel lunes 9 de mayo del año
2016. Ese día todo transcurría de la forma habitual, me levanté temprano para
ir a trabajar, desayuné, me despedí de mi hijo y mi marido, mandé un mensaje a
mi hija Laura, que vivía y estudiaba en otra ciudad, como hacía todos los días,
y me fui a abrir la clínica a las 9:00 a.m.
Ese día tenía 5 pacientes, los dos primeros
pacientes tenían los problemas habituales en niños y adolescentes, algunos
problemas de concentración para los estudios y poco más.
A las 11:25 a.m., entraron por la puerta de
la consulta una madre con su hija. La madre tenía 50 años y la hija 9 años, al
cruzar la puerta un escalofrío me recorrió por el cuerpo, aquella mujer tenía
un aspecto de mujer muy bien cuidada, su piel era muy blanca, casi perfecta, no
tenía ni una sola arruga, aparentaba no más de 30 años. La niña iba bien
vestida, también de piel muy blanca, se la notaba bien alimentada y cuidada,
aunque mostraba tristeza e inocencia en su mirada. Comenzamos la conversación.
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